PAISAJE DE CAMPO
Charles Bukowski

Conduzco el coche
por un valle
donde
(no con mucha frecuencia)
se sientan jovencitas sobre las vallas de los cercados
que muestran piernas imparciales y
caderas
bajo un sol glorioso
jovencitas que pintan
vacas y
árboles en celo
que pintan
viejas granjas sentadas como
estanques imposibles
sobre tierras sin plantar,
tierra tan callada y loca
como veletas varadas
apuntando al norte
en un aire degenerado;
sigo conduciendo
con las chicas y sus pinceles y
sus cuerpos de caramelo metidos en mi cabeza
como un dolor de muelas
y salgo
mucho más abajo
y entro en un café con la pintura blanca cayéndose a tiras
y me dan agua en un vaso tan grueso como
un labio, y
4 personas están sentadas
comiendo,
sus ojos obsesionados con moléculas de
ausencia de prisa;
pido un filete de ternera y
la camarera se aleja
enfundada en lino blanco liso
y me siento y miro y espero
tan ausente que ojalá pudiera
gritar o maldecir o romper el vaso de agua;
pero en vez de eso, echo la crema en el
café
pienso en las jovencitas y en las vacas,
remuevo la crema con un compungido y
         apologético
tintineo
y decido
no pensar o sentir más
ese día.


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